Diseñado para apoyar a los jovenes y señoritas en el trabajo de la asignatura de Artes Plasticas.
lunes, 24 de agosto de 2015
viernes, 19 de junio de 2015
BIOGRAFIA DE MARINA NUÑEZ DEL PRADO
MARINA NUÑEZ DEL PRADO
Marina Núñez del Prado (1908-1995)
Nació en la ciudad de La Paz, Bolivia el 17 de octubre. Estudió artes plásticas admirando mucho el
trabajo del escultor italiano Miguel Ángel Buonaroti. Estudió Bellas Artes en la ciudad de La Paz de donde se graduó en 1930. Entre el año 1931 y el
38 enseñó escultura en la misma academia donde ganó el puesto de director de
Escultura y Anatomía Artística de la Academia, convirtiéndose en la primera
mujer en aquella posición.
Entre 1948 y 1958 estuvo
viajando exhibiendo su obra en numerosos países, regresando posteriormente a
Bolivia. En 1972 se mudó a Perú donde viviría con su marido, el
escritor peruano Jorge Falcón Gárfias. En
Lima, en el distrito de San Isidro está aún su casa, hoy convertida en una
fundación, donde sus esculturas se muestran al público
Fue una de las más aclamadas escultoras de Bolivia. Trabajó principalmente con granito
negro, alabastro, basalto y onyx blanco, así que con muchos tipos de maderas
nativas de Bolivia. Su obra se caracteriza por figuras pesadas pero con muchas
curvas y sensualidad, así como de estilizados cuerpos femeninos. En Bolivia
celebraron en el año 2008 fecha de su centenario por su natalicio.
Son conocidas las expresiones de
admiración de Picasso o de Gabriela Mistral sobre la obra escultórica de la
creativa artista, que siempre encontró inspiración en las montañas andinas.
"Mi vida es mi obra: siento la inmensa dicha de haber nacido bajo la tutela de los Andes que son la expresión de la fuerza y el milagro cósmico; así, mi obra expresa el espíritu de mi tierra andina y el espíritu de mi gente aymara”, decía ella.
En 1952, Gabriela Mistral se refería a ella en el periódico La Nación de Buenos Aires: "Marina es ya el caso de un maestro (...) Para la boliviana genial, la gracia se ha apresurado, pues su obra lanzada es ya ancha (...) la patria suya rebasa a Bolivia: ella comprende toda su América india y mestiza. La fiesta es por lo tanto para todos nosotros”.
Marina expuso en numerosos países de la región -Uruguay, Argentina o Perú, entre otros-, así como en EEUU y Europa. Pero no sólo se impuso a la dureza de la roca, sino también a la de las condiciones sociales imperantes en su época, pues la que llegaría a ser la más grande artista plástica boliviana estudió en la Academia de Artes Hernando Siles de La Paz, entre 1927 y 1929, de la cual posteriormente -entre 1930 y 1938- fue la primera docente mujer.
"Mi vida es mi obra: siento la inmensa dicha de haber nacido bajo la tutela de los Andes que son la expresión de la fuerza y el milagro cósmico; así, mi obra expresa el espíritu de mi tierra andina y el espíritu de mi gente aymara”, decía ella.
En 1952, Gabriela Mistral se refería a ella en el periódico La Nación de Buenos Aires: "Marina es ya el caso de un maestro (...) Para la boliviana genial, la gracia se ha apresurado, pues su obra lanzada es ya ancha (...) la patria suya rebasa a Bolivia: ella comprende toda su América india y mestiza. La fiesta es por lo tanto para todos nosotros”.
Marina expuso en numerosos países de la región -Uruguay, Argentina o Perú, entre otros-, así como en EEUU y Europa. Pero no sólo se impuso a la dureza de la roca, sino también a la de las condiciones sociales imperantes en su época, pues la que llegaría a ser la más grande artista plástica boliviana estudió en la Academia de Artes Hernando Siles de La Paz, entre 1927 y 1929, de la cual posteriormente -entre 1930 y 1938- fue la primera docente mujer.
BIOGRAFIA DE MIGUEL ALANDIA PANTOJA
MIGUEL ALANDIA PANTOJA
Miguel
Alandia Pantoja, considerado uno de los pintores bolivianos más influyentes del
siglo XX, nació en Llallagua (Potosí), el 27 de mayo de 1914, y murió durante
su exilio en un hospital de Lima (Perú), el 2 de octubre de 1975, tras una
larga enfermedad. Ese mismo año sus restos fueron inhumados en la ciudad de La
Paz; el cortejo fúnebre partió del local de la Federación de Mineros entre
llantos y voces que murmullaban: “Alandia sigue vivo. Alandia es inmortal”.
Su
infancia estuvo marcada por las injusticias sociales y por un ambiente familiar
donde se incentivó el amor al arte y la literatura. De ahí que el olor al óleo
y a la copajira fueron las sensaciones que más perduraron en su vida. No cursó
estudios en academias de bellas artes, pero atesoró un talento innato que lo
convirtió en un artista autodidacta, con una vocación creadora que lo llevó a
escalar las cumbres más elevadas de la plástica latinoamericana.
A
muy temprana edad, por influencias de su padre, tomó conciencia de los
antagonismos entre la oligarquía minera y las pujantes organizaciones obreras,
y no tardó mucho en asumir una filosofía revolucionaria que más tarde sería uno
de los motivos centrales de su obra. Concurrió como recluta a la Guerra del
Chaco, donde cayó prisionero y luego huyó al Paraguay; una experiencia que, sin
embargo, le sirvió para constatar que la guerra fratricida entre Bolivia y
Paraguay fue tramada por dos consorcios imperialistas que se disputaban los
yacimientos petrolíferos en las tierras del Chaco Boreal, donde derramaron su
sangre los soldados hambrientos y sedientos de ambos países. El pintor, como
fiel exponente de su realidad, hizo también que esta amarga vivencia se
reflejara de manera consciente en una parte de su producción pictórica.
El
artista, a modo de asumir un compromiso más serio con las masas desposeídas, se
convirtió en un activo militante del Partido Obrero Revolucionario (P.O.R.) y,
durante el sexenio “rosquero”, fue uno de los fundadores de la Central Obrera
Nacional, el antecedente inmediato de la Central Obrera Boliviana (COB). Su
estrecho vínculo con las organizaciones obreras lo impulsó a presentarse como
candidato a la diputación por la provincia Murillo de La Paz, en la planilla
del Bloque Minero en las elecciones de 1947. De modo que Alandia Pantoja no
sólo fue un maestro de las artes plásticas, sino también el activista
político-sindical, cuyas consecuencias lo llevaron a sufrir la persecución, el
destierro y, lo que es peor, la destrucción por parte de las dictaduras
militares de varios de sus murales cargados de esperanza y compromiso social.
Vida
y obra al servicio de la revolución
Los
historiadores de arte no dudan en ubicarlo entre los pintores sociales que,
como Gil Imaná, Walter Solón Romero y Lorgio Vaca, surgieron en la plástica
boliviana tras el triunfo de la revolución nacionalista de 1952; una generación
que, arrastrada por el realismo y la efervescencia revolucionaria, creó obras
identificadas plenamente con las aspiraciones populares.
Miguel
Alandia Pantoja, consciente de que toda expresión artística debe estar al
servicio de las culturas populares y la revolución, no concebía el arte por el
arte; al contrario, proclamaba la pintura de tesis, convencido de que era
posible fusionar el pensamiento político con la sensibilidad creativa del
artista. Por eso mismo, a la hora de definirlo en el contexto de la plástica
boliviana, no es extraño considerarlo uno de los principales impulsores del
muralismo revolucionario. No en vano él mismo dijo en una de las pocas
entrevistas que concedió en vida: “El muralismo tomó mitos y leyendas populares
y la vida misma de las masas mineras y campesinas en su lucha contra la vieja
oligarquía minera terrateniente y mercantil, para expresar en un lenguaje
plástico, remozado y rotundo el anhelo universal del hombre de nuestro tiempo:
la revolución”.
El
muralismo de la época de la revolución nacionalista de 1952, con sus lumbreras
y sus demoliciones, no sólo estuvo vinculado a los momentos claves de la
historia nacional, sino que llegó a constituir una síntesis simbólica de la
cultura y el instrumento eficaz para transmitir las aspiraciones populares. Los
muralistas, en su afán de poner el arte al servicio de los desposeídos,
explayaron su sensibilidad creativa en avenidas, universidades, sindicatos,
hospitales, centros vecinales y oficinas públicas como el Palacio de Gobierno.
Miguel
Alandia Pantoja, que se inició como caricaturista, supo manejar con destreza
todas las técnicas del arte pictórico, destacándose por el color, las formas y
la temática. Los estudiosos clasifican su obra en dos etapas; en la primera,
influenciado por el indigenismo, realizó su pintura de caballete (caricaturas,
dibujos y cuadros al óleo sobre lienzo); y, en la segunda, desarrolló el
figurativismo dentro del cual plasmó gran parte de su pintura mayor, con la
impronta de la escuela mejicana, empleando las técnicas del fresco y el temple,
el acrílico y el aserrín sobre soporte mural.
Entre
1943 y 1968, creó sobre andamios algo más de 16 murales, en aproximadamente 562
metros cuadrados; una extensa obra donde el estallido multicolor y el
compromiso social son una verdadera fiesta revolucionaria, con un indiscutible
valor ético y estético que, si bien mantuvo en jaque a los militares golpistas,
le hicieron merecedor de elogiosos comentarios tanto dentro como fuera del
país. Así, el muralista mejicano Diego Rivera, invitado por el presidente Víctor
Paz Estensoro en 1953, al conocer las pinturas del artista boliviano, comentó: “El mural del Palacio de Gobierno es
formidable". Cuatro años más tarde, en 1957, cuando Alandia Pantoja fue
invitado a México para exhibir su pintura en el Palacio de Bellas Artes del
Distrito Federal, el muralista mejicano, exaltando con vivo entusiasmo las
virtudes de su colega del altiplano, declaró: “Este artista ha sabido tomar de
Orozco, de Sequeiros y de mí lo mejor; su obra es un claro ejemplo de que
nuestro movimiento ha trascendido hasta convertirse en el instrumento de
expresión de los creadores que producen junto a su pueblo”. Asimismo, en la
carta de presentación dirigida a Víctor M. Reyes, entonces jefe del
Departamento de Artes Plásticas del INBA, escribió: “Quiero presentarle
por medio de ésta al pintor boliviano Alandia Pantoja. Cuando viajé a
su país, un mural muy importante de él en la Casa de Gobierno me entusiasmó por
su calidad plástica y su contenido progresista. Y me emocionó fuertemente porque
era una afirmación de que existe ya un movimiento de arte colectivista
monumental en nuestro continente conectado con el nuestro”.
Los
murales restaurados y destruidos
En
vista de que su obra monumental es considerable, aquí sólo cabe mencionar los
más importantes, como “Historia de la Medicina" (1956), un mural de 50
metros cuadrados (m2), realizado sobre tela e instalado en el auditorio del
Hospital Obrero de La Paz. La serie de cinco murales sobre “El Petróleo en
Bolivia” (1958), de 30 m2, que pintó en el edificio de la empresa estatal
Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos. “Hacia el Mar” (1962), de 36 m2,
plasmado en el edificio del Ministerio de Relaciones Exteriores y su importante
mural titulado “Lucha del Pueblo por su Liberación,
Reforma Educativa y Voto Universal” (1964),de
aproximadamente 160 m2, que luce en el edificio del denominado Monumento a la
Revolución Nacional de la plaza Villarroel, donde fue restaurado en dos
ocasiones y puesto a disposición del público en una suerte de Museo Abierto.
Algunos
de sus murales, en los que se criticaba a la oligarquía minero-feudal y las
Fuerzas Armadas, como es el caso de “Historia de la Mina” (1953), de 86 m2, que
estaba en el salón principal del Palacio de Gobierno e “Historia del Parlamento
Boliviano” (1961), de 72 m2, que estaba en el Palacio Legislativo, fueron
destruidos por órdenes de la Junta Militar presidida por el dictador René
Barrientos Ortuño, en mayo de 1965.
Las
dictaduras militares, más que con ningún otro artista boliviano, se ensañaron
con la obra de Alandia Pantoja, destruyéndola sin contemplaciones. La agresión
de sus enemigos llegó a tal extremo que demolieron al menos cuatro de sus
murales, con algo más de 206 metros cuadrados, con imágenes de mineros y
campesinos en armas, mujeres combatientes y un pueblo clamando justicia y
libertad en las calles.
Cuando
el 18 de septiembre de 1981 se inició la demolición del edificio de la
Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), que por
entonces cobijaba también a la Central Obrera Boliviana (COB), los militares
golpistas no tuvieron el menor reparo en deshacerse del mural titulado “Huelga y Masacre”,
de 34 m2, concluido en 1954. El mural, compuesto de una serie de seis (cuatro
frisos o cenefas y dos cuadros grandes), era un manifiesto de protesta contra
la explotación y un homenaje a los obreros caídos en la masacre de 1949. El
Coronel Luis Arce Gómez, a tiempo de impartir órdenes de derribar el edificio
de la Federación de Mineros, declaró enfático: “Con la demolición de este
edificio y la construcción de uno nuevo, más útil, se acaba la época del caos y
la anarquía, y empieza una nueva favorable a los trabajadores que desde aquí
han sido engañados permanentemente”.
Las
pinturas rebeldes de Miguel Alandia Pantoja, quien jamás dudó de su compromiso
social y soportó con estoicismo la destrucción de una parte de su obra, son una
suerte de banderas libertarias que lo sitúan, por su magnitud y su talento, en
la constelación de los monstruos del muralismo latinoamericano.
Exposiciones
y actualidad del artista.
Su
primera exposición de caballete se efectuó en 1937 y se presume que comenzó a
crear murales a los 29 años de edad, pues el registro del primer mural data de
1943-46 y tiene la peculiaridad de ser transportable, según el catálogo de la
última exposición que Alandia Pantoja realizó en Bolivia, en febrero de 1971.
Otras exposiciones importantes tuvieron lugar en Buenos Aires (1945), Santiago
de Chile (1947), México 1957 y 1970, Costa Rica (1957), La Habana (1959), Caracas
(1959), Checoslovaquia (1964), Hungría (1964), Yugoslavia (1964), Viena (1964),
Montevideo (1965) y Lima (1967). Obtuvo una Mención Honrosa en la Primera
Bienal de México en 1958 y el Gran Premio Nacional de Pintura de La Paz en
1960.
Actualmente
su obra está siendo restaurada y existen varias iniciativas -privadas e
institucionales- para rescatar la memoria del artista y dar a conocer su obra
que, de un modo magistral, se anticipó a los cambios que se están suscitando en
el continente latinoamericano, cuyos sectores más desposeídos pasaron a ser los
artífices de un futuro más venturoso y menos competitivo. El sueño de Miguel
Alandia Pantoja, con todos los altibajos de un proceso político complejo,
parece emerger de sus pinturas y plasmarse esta vez en una realidad donde él
está más vivo que nunca.
domingo, 17 de mayo de 2015
ARTE CONTEMPORANEO EN BOLIVIA
Para definir el
concepto de arte contemporáneo se debe conocer el significado de los dos términos:
"ARTE" y "CONTEMPORÁNEO"
Arte: Es un término que
proviene de un vocablo latino que hace referencia a las creaciones del hombre,
para expresar su visión sensible del mundo real o imaginario, a través del uso
de recursos plásticos, sonoros o lingüísticos.
Contemporaneo: Palabra que refiere
a aquello que se vive. Quienes vivieron en la segunda mitad del siglo XVIII por
ejemplo fueron contemporáneos a Wolfgang Amadeus Mozart, no así quienes
nacieron en el siglo XX.
En consecuencia se define como "Arte Contemporaneo"
A todas las expresiones artísticas producidas en nuestra época.
ARTE CONTEMPORÁNEO EN BOLIVIA
La llegada a Bolivia de las vanguardias artísticas contemporáneas fue
un fenómeno tardío si se compara con lo acontecido en los países fronterizos de
Brasil y Argentina. Y ello, aun considerando, como señala el historiador y
crítico E. Lucie-Smith que «hasta la década de los 20, la asimilación de los
diversos movimientos artísticos europeos de fines del siglo XIX y comienzos del
XX fue lenta e irregular.» Si lenta fue la penetración del Impresionismo, más
lentos aún fueron los influjos de post- Impresionistas como Cézanne y Van Gogh.
De hecho, según Lucie Smith, el único artista de esa corriente que tuvo un
influjo decisivo a partir de 1920 fue el francés -peruano Paul Gauguin. Su
estilo, en efecto, sirvió entre otros de fermento al muralismo mejicano.
En Brasil y Argentina, el arte contemporáneo hizo su
aparición a través de hechos culturales como la «Semana de arte moderno»
desarrollada en Sao Paulo en 1922, o la fundación de la revista Martín
Fierro en Buenos Aires en 1924, que acogía opiniones de escritores y
artistas de vanguardia. Ese mismo año, un gran escándalo artístico conmocionó
la sociedad porteña: la exhibición de pinturas cubistas de Emilio Pettoruti,
conocedor, tras una larga estancia en Europa, del futurismo italiano, del
expresionismo alemán y del cubismo de Juan Gris.
Cecilio Guzman de Rojas
De Bolivia, el único pintor que estuvo en la década
de los años 20 en Europa fue Cecilio Guzmán de Rojas, pero como señala P.
Querejazu, ni él, ni su predecesor García Mesa, parecieron «percibir lo
que por entonces constituía la vanguardia artística en Europa.» En lugar de
ello, por influencia del pintor español Romero de Torres, inició una
estilización del indígena bien patente en la obra pictórica “El triunfo de la
Naturaleza”
"El triunfo de la naturaleza"
El tema, sin duda, conecta con la visión heroica del
indio planteada por Franz Tamayo en su Pedagogía Nacional de 1908 y
por Alcides Arguedas en la novela de 1919 Raza de Bronce. Y hemos
de recordar, con Teresa Gisbert, que por aquel entonces, en Perú, literatos
como J. Carlos Mariátegui, y pintores como José Sabogal, reivindicaban el papel
de las poblaciones negra e indígena en la realidad peruana. Pero el estilo de
Guzmán de Rojas obedece a una mezcla de Art Nouveau, simbolismo
e indigenismo bastante similar a la que diez años antes había ensayado el
mejicano Saturnino Herrán en su proyecto para el mural de Nuestros
Dioses (1914-1918).
sábado, 16 de mayo de 2015
PINTORES BOLIVIANOS
CECILIO GUZMAN DE ROJAS
Cecilio Guzmán de Rojas pintor boliviano. Nació el
24 de octubre de 1900 en Potosí. En el año 1919 sus padres lo envían a la
ciudad de Cochabamba donde trabaja en el taller de Avelino Nogales.
Es el pintor indigenista por antonomasia. Creo un
estilo que ejerció fuerte influencia sobre los pintores de la segunda mitad del
siglo, trabajo permanentemente en la búsqueda de una identidad nacional a
través de la fuerza interior y los rasgos de sus personajes en un progresivo
proceso de estilización.
Trabajo en Cochabamba con Methiew y Avelino Nogales.
Muy joven fue profesor del colegio de artes y oficios de Potosí. Viajo a España
y allí fue alumno de Romero Torres y Zubiaurre, adquirió el estilo formal y
sensual de Romero, que luego fue adaptando en su evolución al indigenismo.
Expuso en Madrid. A su vuelta fue inspector general de bellas artes y director
de la academia de bellas artes de La Paz. Combatió en el Chaco y allí hizo una
serie de pinturas de descarnado expresionismo.
En la última etapa de su vida investigo los trabajos
de Leonardo Da Vinci, e innovo una técnica denominada coagulatoria. Se suicidó
en La Paz en el Valle de Llojeta el 19 de febrero de 1950. Sus obras clásicas
son: “El beso del Ídolo”, “El Cristo indio”, sus pinturas paisajistas sobre
Llojeta y la serie sobre la guerra del Chaco.
"El beso del idolo"
"El Cristo indio"
Otros de sus cuadros famosos son Fruta paceña y Poemas
de raza. En su carrera trabajó la composición estructural y la estilización
cercana al cubismo. Tras una etapa expresionista en la que prevalece la
representación del indio -propia de la época de la Guerra de El Chaco
(1932-35)-, volvió a su característica paisajística andina.
Fue el pintor más influyente entre sus coetáneos, y
su importancia todavía persiste. http://www.bolivianet.com/arte/guzmanderojas/index.html
jueves, 14 de mayo de 2015
ARTURO BORDA
Arturo Calixto Borda Gozalvez
Este
hombre extraordinario vivió y murió pintando el Illimani.
Arturo Borda nos enseña a mirar con hondura
nuestra imagen, la imagen de nuestro mundo --su arte es ante todo un arte
boliviano
Pintor
boliviano, retratista y paisajista, cuyo arte se sitúa en el simbolismo de
principios de siglo. Nació en La Paz. De formación autodidacta, empezó a pintar
a los 16 años; se inició con retratos y paisajes de tono ecléctico y
modernista. Tras algunas exposiciones, en 1919 organizó una muestra en el
Círculo de Bellas Artes de La Paz con 90 óleos. De ideas sociales avanzadas
fundó la sociedad Obreros del Porvenir. Escribió una obra autobiográfica
relacionada con la teoría del arte titulada El Loco (tres volúmenes) publicada
en 1966 por la Alcaldía Municipal de La Paz. A lo largo de su vida soportó una
penosa situación económica, aliviada por la ayuda de su hermano y de los poetas
modernistas. Su arte se sitúa en el simbolismo de principios de siglo,
destacando como un excelente retratista; prueba de ello son los retratos que
hizo a su hermano Héctor (1915), a su madre regando plantas (1930) y a sus
padres (1943)
Retrato de sus padres (1943)
Considerado éste último como una de las obras más
destacadas del género en el continente americano. Su sensibilidad social le
llevó también a tratar temas en los que se incluía al indígena, junto a una
amarga crítica hacia la sociedad que él tachó de hipócrita e insensible
(Filicidio, 1918). La última parte de su vida estuvo marcada por alegorías
pictóricas estrechamente relacionadas con lo desarrollado en su libro El Loco,
tal es el caso de su Crítica de los ismos y el triunfo del arte clásico (1948),
en el que divididos por una diagonal están representados sus ideales estéticos:
El Illimani (montaña nevada que corona la ciudad de La
Paz), el Partenón, la Venus de Milo, Homero y Pericles a un lado, y al otro los
ismos que detestaba surrealismo e indigenismo, de los que se ríe la naturaleza,
representada por el rostro de mujer, la cantuta y el colibrí, símbolos del país
y del refinamiento y delicadeza estética. Como paisajista, retrata las bellezas
del altiplano con una delicada gama cromática. Poco antes de morir, en 1951, la
Alcaldía Municipal de La Paz organizó una exposición antológica que tuvo un
gran éxito.
"Critica de los Ismos"
"El Yatiri"
El escritor paceño Jaime Sáenz evoca así la
corrosiva muerte de Borda:
"Una noche, en lo más crudo del invierno,
vagando por los barrios altos, a los setenta años de edad y nada menos, y
caminando por las calles en busca de una copa, perdidamente borracho, se acercó
a una tienda y pidió pisco; sólo que en la tienda no había pisco.
La tienda en cuestión era mitad alcoholería y mitad
hojalatería; y ante la insistencia del cliente, que por nada del mundo quería
irse sin antes haber bebido una copa, le dijeron que sólo tenían ácido
muriático, y que sólo eso podían ofrecerle, si tanto insistía.
Arturo Borda declaró que lo único que él quería era
una copa, y que no le importaba que le diesen ácido o lo que fuese, con tal que
se lo diesen --y por enésima vez, pidió una copa, y siguió insistiendo--.
La tendera lanzó una maldición; y confiada en que no
bebería, le lanzó una copa de ácido muriático.
Arturo Borda agarró la copa, y bebió sin asco."
Y cuando a todo esto ya el artista había fallecido
hacía rato, bastó que un día de esos apareciese en un periódico de Nueva York
un artículo, firmado por algún crítico extranjero, elogiando el arte de Arturo
Borda y considerando a éste un pintor extraordinario, para que aquí se
produjera un gran revuelo, y para que chicos y grandes se pusieran en
movimiento y reconocieran que Arturo borda era realmente un pinto
extraordinario, dándose por enterados tan sólo entonces de la gran novedad,
como si hasta la fecha nadie en absoluto hubiese sabido nada de nada, y como si
hubiese sido necesario que precisamente un periódico extranjero nos hiciese
saber que realmente Arturo Borda había sido un pintor extraordinario.
http://elias-blanco.blogspot.com/2011/04/arturo-borda-gosalvez.
Etiquetas:
pintor boliviano
Ubicación:
Oruro, Bolivia
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